No todas las casas se dejan entender a la primera, algunas piden tiempo. Se descubren despacio porque guardan una memoria infinita. En la Vall d’en Marc, un valle casi secreto de la sierra de Tramuntana en Mallorca, está Can Dionís, una antigua casa cuyo origen se remonta al siglo XVII. Forma parte de un llogaret, una minúscula aldea balear que durante siglos sirvió de posada a los peregrinos que recorrían el antiguo camino hacia el monasterio de Lluc, uno de los lugares sagrados de la isla.
A finales del siglo XIX pasó por aquí el archiduque Luis Salvador de Austria, y en 1904 nació en la casa el pintor Dionís Bennàssar. Hoy, este histórico enclave es el refugio de la galerista Marta Moriarty y su familia.
Retrato de la galerista Marta Moriarty con su perro Pikionis.
En la entrada, lámpara de vidrio soplado de Gordiola, piezas textiles de Adriana Meunié, banco original de la vivienda y ánforas de Jaume Roig.
“La propiedad pertenecía a un ornitólogo inglés al que mi esposo y yo se la compramos después de casarnos en 1987. Desde entonces se ha ido convirtiendo poco a poco en el centro cálido de nuestro universo”, comienza Marta, y continúa: “La casa tiene vida propia, una vida alegre y sencilla. Por aquí ha pasado casi toda la gente que queremos: es un lugar de amigos, de sobremesas, de noches largas, de risas y confidencias”.
Bajo de la escalera, baúl antiguo y retrato del rastro de Consell. El suelo es de guijarros pintado de blanco.
Cocina con mesa y cómoda originales de la casa, sillas mallorquinas, y en las estanterías, platos y vasos locales, y tazas de Royal Copenhagen.
Una historia en cada objeto y ningún orden premeditado
El magnetismo que ejerce sobre quien la visita tiene mucho que ver con lo que alberga, cada objeto tiene una historia por contar. “No existe una decoración premeditada. Los muebles han llegado de distintos lugares y cada cosa acaba encontrando su sitio de forma natural”, explica.
Los libros, los cuadros, las esculturas, las sillas, los textiles, las artesanía mallorquina y los muebles, algunos diseñados por la propia Marta, cambian de lugar con el tiempo, van de aquí a allá, tanto en la casa como en el estudio de su marido Jesús, en un pabellón de cedro en el jardín. Nada permanece fijo, y ese movimiento permite que todo respire a pesar de su antigüedad.
Comedor con lámparas Unfold de Muuto, mesa inglesa con mantel de China, estanterías con cerámica mallorquina de los 60 y colección de vidrio de Gordiola. A los lados, apliques de paja de la Feria de Diseño de París y sillas populares típicas de la isla.
Otra vista del estudio de la galerista. Bajo la mesa, puf de palmito Estormia de la artesana Aina Pistola. Sofá tapizado con una tela de lenguas típica de Mallorca de Bujosa. Izda., lámpara de mesa de Can Garanya y arriba, obra en pequeño formato de, entre otros, Marcel Dzama, Yoshitomo Nara o Teresa Solar Aboud.
En la biblioteca, butaca de cuero familiar, paisaje de un pintor local, banco de anticuario y alfombra turca.
La vida transcurre en el jardín
El jardín, casi conventual, es otro de los centros de la vida familiar. Allí pasan gran parte del verano: duermen, comen, leen, conversan. Estar en él es como explorar una casita laberíntica de piedra con un jardín salido de un óleo romántico. “En Can Dionís nadie se siente un invitado, es la casa común; no es espectacular ni lujosa, pero sabe acogernos a todos”, concluye Marta. Basta cruzar su umbral y quedarse un instante para comprobarlo.
El jardín y la piscina.
Dormitorio de Marta Moriarty con cortinas hechas de tela antigua, cama con sábanas francesas y edredón inglés. Mesita de noche antigua y silla verde típica mallorquina.
Inside Mallorca, un libro de Ricardo Labougle
Las imágenes de la casa de Marta pertenecen al libro Inside Mallorca, de Ricardo Labougle (Vendome Press). En sus páginas, el célebre fotógrafo argentino abre las puertas de 17 residencias privadas y retrata una isla doméstica, serena y plural, lejos de las postales turísticas del Mediterráneo.
El estudio de Jesús Huarte, esposo de Marta Moriarty, en un pabellón de cedro en el jardín. Junto a las librerías, escultura de Josep Llimona, sillón Eames Lounge Chair, en Vitra, y piano antiguo.
Otra vista del estudio con sofá de Rafael Moneo; retrato suyo firmado por Pancho Cossío; aparador de Ettore Sottsass y, a la izda., escultura de Cristino Mallo.
Escritorio con jarrones de cerámica de Jaume Roig y pintura de Francisco Capulino Capuleto.
El rincón de lectura con sofá de obra con tela de Bennison y pufs de palmito Estormia de la artesana Aina Pistola.
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