Tenemos que hablar de Dios. O, por lo menos, de decoración. Porque después de años derribando tabiques, pintándolo todo de blanco roto y colocando sofás beige sobre alfombras todavía más beige, el minimalismo parece haber encontrado finalmente algo que llevaba mucho tiempo buscando: un poco de fe.
No es necesario exagerar, ni convertir el salón en una sacristía, pero últimamente el diseño mira mucho hacia arriba. Hay bancos de madera severos, mesas que parecen de refectorio, vidrieras, portavelas y camas con la presencia de un altar. Incluso la penumbra, durante años enemiga pública de los interiores, empieza a tener buena prensa. Coincidiendo, además, con una época en la que Rosalía ha conseguido que medio planeta vuelva a hablar de mística, reliquias y luz divina sin dejar de llenar estadios. Algo estará pasando.
El sistema Schema de Lorenzo McKechnie combina aluminio y madera en tres asientos de una austeridad cálida que no desentonaría en un convento cisterciense de nueva planta
El taburete Trêsinho, de Felix Klein, talla una silueta brutalista en madera maciza.
De Santa Teresa de Jesús a un monje del siglo XX
Santa Teresa de Jesús ya convirtió el interiorismo en metáfora hace casi cinco siglos: “Considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos”. Tenía razón y, probablemente, habría agradecido un buen plano de distribución. Porque la nueva casa monástica no consiste en decorar como un convento sino en recuperar sus enseñanzas: orden, silencio, proporción y materiales que envejecen dignamente.
El gran maestro moderno de todo esto fue, literalmente, un monje. Dom Hans van der Laan (1904-1991), arquitecto y monje benedictino neerlandés, estudió durante décadas qué proporciones hacían comprensible y habitable un espacio y diseñó edificios y muebles de una austeridad casi conmovedora a mediados de siglo XX. Nada sobraba. Una idea que hoy resulta revolucionaria ante hogares donde conviven tres cargadores a la vista, cinco mandos a distancia y un televisor reclamando atención.
Tim Vranken reinterpreta fragmentos de arquitectura histórica en la cama Arcus, como un gran altar de nogal americano y ritmo casi constructivo.
Paul Coenen lleva la tensión del acero inoxidable a las estanterías Tension construidas sin tornillos, cola ni soldaduras, como por intervención divina.
Un convento convertido en hotel y el objeto que recupera la liturgia
El movimiento ya ha salido del monasterio. En Niza, el Hôtel du Couvent, instalado en un antiguo convento del XVII, propone 88 suites de austeridad bastante confortable (la penitencia tiene sus límites) entre cal, terracota, piedra y baños de inspiración romana.
Y los nuevos diseñadores están recuperando el vocabulario religioso sin necesidad de catecismo. Tim Vranken convierte ecos de columnas clásicas en su rotunda cama Arcus de nogal americano con hechuras de sillera de coro; Tom Schoonhoven devuelve el cirio a la actualidad decorativa con sus portavelas Silhouette; y Alberto Sánchez, Berto, desmonta la lámpara Tiffany para reconstruirla en Facetas, geometrías de vidrio de colores soldadas con cobre y estaño que inevitablemente recuerdan a una vidriera.
Luminarias de la serie Rituals of Adornment, de Llewellyn Chupin: aluminio patinado, seda y perlas convierten la luz en un pequeño objeto ceremonial.
La silla de formas severas de aluminio suavizadas con seda y perlas, entre la austeridad y el rico adorno ritual
Más enigmática es la francesa Llewellyn Chupin. En Rituals of Adornment mezcla aluminio patinado, seda y perlas en sillas, bancos, biombos y lámparas que parecen objetos destinados a una ceremonia con misal y rosario. Ahí está quizá la parte más interesante: el objeto doméstico vuelve a pedir liturgia. También ocurre en Tablescapes de las polacas Szklo Studio, donde ocho diseñadoras convirtieron algo tan cotidiano como poner la mesa en una extraña liturgia de vidrio, metal y textiles.
En Tablescapes de Szklo Studio, ocho diseñadoras convierten vidrio, textil y metal en un menaje litúrgica
Alberto Sánchez explora en las lámparas Facetas el lenguaje de la vidriera con vidrio coloreado, cobre y estaño.
El diseño que busca bajar las pulsaciones
No estamos, por tanto, ante otro minimalismo. El escandinavo de siempre quiere hacernos la vida cómoda; éste pretende, además, bajarnos las pulsaciones. Cambia el fresno claro por nogal oscuro, la luminosidad uniforme por sombras, el objeto simpático por uno ligeramente solemne y el más es menos por Dios está en los detalles.
San Juan de la Cruz lo llamó “la música callada, la soledad sonora”. Hoy podríamos llamarlo simplemente apagar el móvil, encender una vela y sentarse en una silla magnífica sin hacer absolutamente nada. Después de todo, puede que el verdadero lujo sea ése. Y para conseguirlo no hace falta ingresar en un convento.
En Archetype, KOD.Objects convierte formas clásicas de ventanales en textiles gráficos, trasladando la arquitectura al objeto.
El portavelas Silhouette de Tom Schoonhoven está fundido en aluminio reciclado y nace del juego de la luz sobre formas circulares recortadas.
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