La alhóndiga de Granaditas: escenario de la historia y la cultura del bajío.

Uno de los eventos culturales más importantes de nuestro país es el Festival Internacional Cervantino, que se lleva a cabo en Guanajuato en el mes de octubre. Mientras disfrutamos de diversas muestras artísticas como danza y teatro, una mole iluminada sirve de telón y fondo para cada presentación. La alhóndiga de granaditas es una de las construcciones más conocidas de este estado y de las más nombradas en las clases y los libros de historia, pues, además de ser una especie de bodega de alimentos (finalidad primaria del recinto), sirvió también de escenario para batallas y otros acontecimientos de la Guerra de Independencia. De esta forma, historia, arte y cultura se reúnen en una de las construcciones más emblemáticas del Bajío mexicano.

Comencemos por el nombre de este edificio. La palabra “alhóndiga”, según la Real Academia Española, proviene del árabe funduq y a su vez, del griego πανδοχεῖον pandocheîon, que significa albergue. La finalidad de una alhóndiga es guardar trigo principalmente y algunos otros granos para las épocas de escasez, a la vez que funciona como sitio de venta de estos.

La primera vez que este almacén apareció en un acontecimiento histórico fue el 28 de septiembre de 1810, durante la primera etapa de la guerra de independencia. El ejército insurgente buscaba tomar la ciudad de Guanajuato. Miguel Hidalgo había enviado al intendente Juan Antonio Riaño un mensaje solicitándole que la ciudad se rindiera a su ejército, pero Riaño rechazó la petición de Hidalgo, por lo que un contingente de cerca de cincuenta mil hombres, comenzaron el ataque a la Alhóndiga de Granaditas, en la que se habían refugiado familias españolas, militares realistas (al servicio de la corona española) y criollos.  

A pesar de no haber sido construida como una fortaleza, la alhóndiga representó grandes dificultades para los insurgentes. Al ver que tomar el recinto era más complicado de lo que aparentaba, Hidalgo y su ejército decidieron que la única forma de entrar era derribar la puerta. El encargado de esta misión fue José de los Reyes Martínez Amaro, conocido como El Pípila. Este personaje era un trabajador minero que simpatizaba con el movimiento insurgente y se unió a él durante su primera etapa, encabezada por Hidalgo e Ignacio Allende. En medio de la batalla, se colocó una gran piedra en la espalda y avanzó hasta la puerta de la alhóndiga, a la cual le prendió fuego. La acción de Martínez Amaro permitió a los insurgentes tomar el edificio a pesar de la férrea defensa de los realistas. Una vez adentro, los seguidores de Hidalgo saquearon la alhóndiga y asesinaron a muchos de quienes se protegían en ella. El saqueo y la violencia se extendieron al resto de la ciudad de Guanajuato.

A pesar de que este hecho histórico es real, la participación del Pípila es puesta en duda por los historiadores; uno de los testigos de la toma de Guajanuato, el político Lucas Alamán desmintió su existencia. La primera vez que se mencionó a Martínez Amaro en este episodio de la guerra de independencia fue en 1843, en el Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, del político Carlos María de Bustamante, quien es el principal responsable de la creación del panteón heroico mexicano en el siglo XIX, por lo que, varios de los episodios que narra o las acciones de los personajes que plasma, son producto de la necesidad de crear héroes durante la formación del Estado Mexicano.

Cabe aclarar que si bien se duda del episodio que aquí narramos sobre la quema de la puerta de alhóndiga a manos del pípila cargando una piedra sobre su espalda, lo que no se duda es que Martínez Amaro sí existió, se tiene registro en otras narraciones de la época sobre su nombre edad y datos biográficos.

La Alhóndiga de Granaditas volvería a ser escenario de la Guerra de Independencia en 1811. Tras la captura de los primeros insurgentes. Miguel Hidalgo, Juan Aldama, Ignacio Allende y Mariano Jiménez fueron fusilados en el mes de julio y sus cabezas recorrieron varias ciudades hasta llegar a Guanajuato el 14 de octubre. Ese día, fue leído un documento que reunía las “atrocidades” cometidas por los insurgentes (desde la perspectiva de la corona española). Inicialmente, las cabezas serían expuestas en distintos sitios como una forma de intimidar a los sublevados mostrándoles lo que les sucedería si continuaban con la lucha y a manera de escarnio para los fusilados, sin embargo, se decidió que se quedaran en la alhóndiga de Granaditas.

Un herrero construyó 4 jaulas de hierro, en cada una fue colocada una cabeza y fueron colgadas en las esquinas del edificio que fue escenario de la toma de la ciudad un año antes. Tras la consumación de la independencia, el militar Anastasio Bustamante ordenó que las cabezas fueran retiradas de la alhóndiga, lo que ocurrió el 28 de marzo de 1821. Actualmente los restos de los caudillos se encuentran en la columna de la independencia, en la Ciudad de México.

Después de ser un depósito de granos y un cuartel militar improvisado al inicio de la independencia, durante el Segundo Imperio Mexicano, Maximiliano de Habsburgo ordenó que la alhóndiga fuera convertida en cárcel. El inmueble cumplió esta finalidad desde 1864 hasta 1949, cuando se convirtió en el Museo Regional de Guanajuato. En 1867 se estableció una Escuela de Artes y oficios para los presos y en 1887 una escuela de primeras letras para los mismos. Cada año, la explanada de la alhóndiga se convierte en el punto de reunión para muestras de danza, música teatro en el marco del Festival Internacional Cervantino.

¿Desde cuándo existe este edificio? ¿Quién lo construyó? Una vez que hemos dado un vistazo a la importancia histórica de la alhóndiga, vamos a ver la historia misma de esta construcción. A finales del siglo XVIII, el bajío mexicano y, en especial Guanajuato era una región próspera en cuanto a la producción agrícola, como consecuencia, el virrey Miguel de la Grúa Talamanca de Carini y Branciforte mandó construir un edificio para resguardar la producción de grano en esta zona, de esta forma se evitaría la pérdida de granos a causa de las inundaciones y se aseguraría el abasto de estos alimentos. Ya existían inmuebles destinados a almacenar trigo, pero no tenían las condiciones necesarias para su correcta conservación.

El primer proyecto estuvo a cargo del arquitecto José Alejandro Durán y Villaseñor, sin embargo, su propuesta fue corregida por José del Mazo y Avilés, quien fue director de Arquitectura de la Real Academia de San Carlos, quien elaboró los planos finales y estuvo a cargo de la construcción del edificio, junto con los maestros Juan de Dios de la Trinidad Pérez y Francisco Ortiz Castro. Los trabajos comenzaron en 1797 y terminaron en 1809.

La alhóndiga fue uno de los primeros edificios neoclásicos de la Nueva España, construido sobre la base de líneas rectas y un estilo sobrio, siguió la estética de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Se usó como material principal la cantera, la cual era abundante en los yacimientos mineros de la región de Guanajuato. Se conforma de dos niveles de forma rectangular y tiene 75 metros de largo, 68 metros de ancho y 23 metros de altura. En total tiene 5100 metros cuadrados.

 El techo y la primera planta están sostenidos por columnas de estilo toscano. Como la mayoría de las construcciones del siglo XIX en México, este recinto cuenta con un patio central rodeado por las dos plantas antes mencionadas, en ellas se encontraban los espacios, cuartos o cámaras llamados trojes, que era donde se guardaba el grano, éstos eran de forma rectangular y abovedada. Ambas plantas se conectan por dos escaleras. Las cámaras de ambos pisos no están comunicadas entre sí, son independientes; en este tipo de construcciones, cada cuarto tiene una puerta principal y para trasladarse de uno a otro es necesario salir al pasillo de la planta alta o al patio en la planta baja. Pensemos en un rectángulo con hueco en el medio que es el patio central. La alhóndiga tiene dos puertas de acceso, una al oriente, (la cual posee dos columnas) y la puerta principal ubicada al norte, conocida también como Puerta del Pípila. Esta entrada, según la información brindada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), tiene también dos columnas y un medallón oval como remate. En la parte superior se encuentra la imagen de unas mazorcas estilizadas que ilustra la función del inmueble.

Al ser de estilo neoclásico, esta construcción carece de adornos y sólo posee ventanas rectangulares en sentido horizontal en cada una de las trojes. Por el material utilizado y la manera en la que fue construida, la alhóndiga asemejaba a un castillo o fortaleza e incluso fue apodada así por los vecinos de Guanajuato. Gracias a lo anterior es que fue utilizada para resguardar a familias españolas y como punto de defensa de la ciudad en septiembre de 1810 como vimos al inicio.

Al interior, ambos pisos están sostenidos por columnas de estilo dórico que enmarcan las entradas de cada una de las cámaras del edificio. Una particularidad de esta construcción es que se utilizaron dos tipos de piedra, cantera verde y rojiza lo que le da colores característicos a las paredes y entradas de las trojes. La entrada principal del edificio está en su lado noreste (la puerta norte), sobre la actual calle “28 de septiembre”; según el relato de Bustamante, fue esta entrada la que tomaron los insurgentes con ayuda del Pípila al incendiar la puerta.

El entorno de la Alhóndiga también ha cambiado, en 1949 fue convertida en museo y se construyeron tres terrazas que realzaban el edificio. Actualmente dichas terrazas ya no existen, en su lugar hay una plaza. En 1958, el inmueble fue inaugurado con este nuevo uso. El proyecto para convertir este inmueble en un museo fue propuesto desde 1947, sin embargo, tardó dos años en materializarse y originalmente se llamaría “Museo de la Historia de la Independencia de México”, hoy en día y desde 1968 es el Museo Regional de Guanajuato. EL museo posee colecciones de historia, arqueología y etnografía, divididas en nueve salas: sellos prehispánicos, arte mesoamericano, cerámica Chupícuaro, Historia, Ex votos, Hermenegildo Bustos y Liberalismo y Porfiriato, siglos XIX y XX.

En las escaleras se encuentran tres Murales de José Chávez Morado, uno de los artistas más reconocidos del siglo XX. Los murales se titulan: Abolición de la esclavitud, Canto a Guanajuato y Aportaciones de Guanajuato a la integración de la nación. El primero es considerado el más importante, fue elaborado al fresco. Chávez Morado pintó una superficie total de 225 metros cuadrados.  

Al ser un recinto tan importante durante la guerra de independencia fue remodelado para los festejos del bicentenario. La alhóndiga está catalogada como un monumento histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, con el número I-11-00467.

La Alhóndiga de Granaditas es más que un edificio, un monumento o un museo, es el símbolo de la bonanza del bajío a finales del siglo XVIII, del inicio de la lucha por la independencia, del paso del Segundo Imperio Mexicano y de la memoria del país, del inicio la gesta que, tras once años de guerra derivó en el inicio de México como nación. Con su imponente arquitectura nos invita a visitar sus colecciones y disfrutar de un pedazo de historia convertida en piedra.

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