Una casa de 1906 en Barcelona recupera su esencia neoclásica y la llena de color

“Lo interesante de esta casa era que ya tenía una personalidad muy fuerte. No necesitaba que llegáramos nosotros a inventarle otra. Nuestro trabajo fue más bien escucharla, quitar lo que sobraba y llevarla hacia una manera de vivir más actual. Me gusta que ahora sea difícil distinguir qué estaba ahí y qué hemos añadido nosotros. Para mí, ahí está el proyecto”. Cristina Carulla resume así los tres años de trabajo en Sera House, una vivienda construida en 1906 en la zona alta de Barcelona, una casa unifamiliar de 500 metros cuadrados repartidos en cuatro plantas y rodeada por un jardín mediterráneo.
Que parezca que todo ha estado siempre ahí
Más de un siglo separa a los actuales propietarios de quienes encargaron aquella primera vivienda, cuando las casas de este tamaño respondían a unas costumbres domésticas mucho más formales. Quedaban, sin embargo, suficientes rastros de aquel origen para que Cristina Carulla Studio pudiera reconstruir su carácter y utilizarlo como material de proyecto.
Los techos alcanzaban los cuatro metros y la gran escalera central seguía organizando el recorrido vertical. También sobrevivían las molduras y los zócalos que daban escala a las habitaciones. “Fue una rehabilitación integral que duró tres años. La casa necesitaba adaptarse a otra manera de vivir, mucho más contemporánea y menos formal, pero no queríamos que la reforma borrara lo que ya existía. Se reorganizaron los espacios y se intervino profundamente, intentando que las nuevas decisiones no se leyeran como añadidos. La idea era que todo pareciera haber estado siempre ahí”.

El mobiliario contemporáneo convive con las proporciones y molduras históricas que se conservaron durante la reforma.

En el comedor, la mesa de vidrio se acompaña de sillas de madera y cuero.

No hay narrativa nueva
Ese punto de partida explica que la arquitectura histórica permanezca reconocible, mientras las habitaciones adquieren usos y relaciones acordes con una familia actual. En la planta baja se encuentran la entrada y el despacho, mientras el salón ocupa buena parte de la zona de día. La cocina completa este nivel. Los dormitorios se distribuyen en las plantas superiores y la zona infantil cuenta con su propio ámbito.
Carulla recuerda que la casa ofrecía suficientes pistas para evitar la tentación de construir un relato decorativo ajeno a ella. “La propia casa fue la inspiración», explica. “Cuando entramos por primera vez ya había muchísimo material con el que trabajar. Las proporciones, la escalera, las molduras, la altura de los techos… No tenía sentido inventar una narrativa completamente nueva”.

Un mosaico de piedra natural pavimenta la entrada, donde una de las consolas diseñadas por Cristina Carulla Studio introduce el color entre la carpintería de madera y los paramentos claros. La obra es Untitled (Lunar Lullaby), 2024, de Larissa Lockshin.

La sucesión de habitaciones permite apreciar uno de los recursos cromáticos más interesantes de la reforma.

El color entra en una casa de 1906
La rehabilitación encuentra en el color uno de sus capítulos más interesantes. Frente al blanco que domina algunas estancias, el recorrido introduce habitaciones resueltas en siena y otras donde aparecen verdes empolvados o azules profundos. Las zonas infantiles amplían ese registro mediante tonos pastel. El color acompaña además molduras y carpinterías, de manera que una misma tonalidad puede extenderse por paredes y techo y hacer todavía más visible la arquitectura original.
“La casa parte de blancos cálidos, piedra, roble natural, siena y grises suaves. Después aparecen algunos colores más intensos de manera puntual”, cuenta Carulla. “No queríamos una paleta excesivamente controlada. Nos interesaba que cada estancia pudiera tener su propia atmósfera sin perder la continuidad de la casa”. El despacho lleva esa decisión particularmente lejos, en un espacio donde las paredes, las molduras y la librería se tiñen de siena, creando un fondo en el que el mobiliario adquiere especial presencia. “Es una de las estancias donde aparece el color de una manera más rotunda. Hay una lámpara Shogun de Mario Botta, una Toio de Achille y Pier Giacomo Castiglioni y sillas Cesca de Marcel Breuer”.

El despacho es una de las habitaciones donde el color adquiere mayor intensidad. Paredes, techo y hasta librería se tiñen de siena, acompañados por las sillas Cesca de Marcel Breuer y una selección de lámparas de diseño.

n este baño, los azulejos de acabado brillante en azul que va degradándose cubren las paredes.

En otras habitaciones el color cambia por completo. La zona infantil utiliza una gama más suave y admite combinaciones mucho más libres, acompañadas por tejidos de Pierre Frey y mobiliario diseñado expresamente por el estudio. Cada puerta introduce una variación cromática y, al mismo tiempo, mantiene visibles las molduras que pertenecen a su historia.

Cristina Carulla Studio diseñó una gran estantería a medida para la zona infantil. Aquí, el verde de las paredes se cruza con el amarillo de la estructura metálica del mueble, dentro de una paleta deliberadamente más libre.

Los tonos pastel caracterizan también esta habitación infantil, donde el rosa alcanza paredes y carpinterías. Una silla Cesca acompaña el escritorio diseñado a medida, mientras los tejidos aportan dibujo a una estancia planteada con mayor libertad cromática. Obra Untitled (Far And Few), 2024, de Larissa Lockshin.

Una escalera que ya estaba allí
Entre todas las piezas conservadas, la gran escalera central posee un peso especial. Su recorrido atraviesa las distintas plantas bajo un lucernario que lleva iluminación natural al corazón del edificio. “Es uno de los elementos más potentes de la casa y prácticamente funciona como su columna vertebral. Es sinuosa, con una barandilla ondulada, y recibe luz desde un gran lucernario superior. A medida que subes, la percepción de la casa va cambiando”.
Mantenerla implicaba también aceptar la organización espacial heredada, pero el estudio prefirió trabajar con ella y con la escala generosa de las habitaciones. “Mantuvimos precisamente aquello que daba carácter a la casa, las proporciones, la escala de las estancias, la escalera, las molduras y los zócalos. En lugar de empezar de cero, trabajamos a partir de lo que encontramos”.
El reto técnico estaba precisamente en hacer compatible esa arquitectura con las necesidades actuales. Buena parte de la intervención queda escondida en carpinterías y nuevos encuentros constructivos. “Hay mucho trabajo que precisamente intenta no verse. La reorganización de la casa, las carpinterías y artesonados a medida, la entrada de luz natural desde el lucernario de la escalera y, sobre todo, la resolución de los encuentros entre elementos originales y nuevos. Es bastante más difícil hacer que algo parezca inevitable que hacer que parezca nuevo”.

La gran escalera central, conservada durante la rehabilitación, organiza verticalmente las cuatro plantas de la vivienda. Su trazado curvo y la barandilla ondulada forman parte de la arquitectura original de la casa construida en 1906.

El jardín privado incorpora una piscina entre los antiguos muros de piedra de la parcela. El pavimento dibuja distintas zonas de descanso alrededor del agua y conecta la casa con un exterior concebido para disfrutarse como una estancia más.

Del mármol negro al ónix verde
En el salón, el protagonismo cromático deja espacio a una base mucho más clara. “Trabajamos sobre una base de blancos y dejamos que fueran los tejidos y los materiales los que dieran profundidad al espacio”. Allí aparecen una mesa de centro de ónix verde y la chimenea de mármol Negro Marquina, mientras el mobiliario incorpora los sofás Sengu de Patricia Urquiola para Cassina y la lámpara A.D.A. de Umberto Riva para Tacchini. Entre las obras de arte se encuentra Las Palmas de Gran Canaria, 1977, de Aythamy Armas.
En cambio la cocina lleva el proyecto hacia otro registro, siendo “bastante austera. Roble, superficies claras, un piano de cocina y la campana vista, que le da un punto más industrial. La gran mesa central es diseño del estudio”. La carpintería de madera introduce continuidad con otras habitaciones y los armarios superiores, cerrados mediante vidrio estriado, permiten intuir vajillas y objetos detrás de sus puertas.
En la cocina, los muebles bajos de roble se combinan con superficies pétreas claras de marcado veteado. Los armarios superiores incorporan puertas de vidrio estriado, mientras el piano de cocina aporta un registro más industrial.
Molduras que continúan el mismo lenguaje
En el dormitorio principal, la cama queda exenta y orientada hacia el jardín. “A su alrededor diseñamos una gran zona de armarios de roble natural combinados con espejos de cuerpo entero. Las mesillas son de raíz de olivo con detalles de piel”. Allí vuelve a apreciarse uno de los recursos más interesantes del proyecto, pues las nuevas carpinterías adoptan molduras que continúan el lenguaje arquitectónico existente y difuminan visualmente el límite entre la rehabilitación y la casa de 1906.
Incluso dentro de una vivienda con tanta historia existe espacio para desviarse de ese registro. Carulla sitúa el baño de cortesía en el extremo más atrevido. “Es probablemente el espacio donde nos permitimos ser más excesivos. Las paredes están cubiertas con un papel pintado de figuras místicas renacentistas, el grifo tiene forma de cisne y acabado de plata oxidada”. El suelo completa la estancia mediante un mosaico pétreo de dibujo vichy.
En el dormitorio principal, la cama exenta se orienta hacia el jardín y queda respaldada por una gran carpintería de roble natural diseñada a medida, una de las intervenciones que actualizan la casa manteniendo su arquitectura original.
En la habitación infantil, un azul profundo cubre paredes y molduras, mientras el amarillo aparece en la ropa de cama. Sobre el cabecero, la obra Without Rhyme or Reason, in Love, 2017, de James Rielly.
Una interpretación libre
El mobiliario tampoco obedece a una época determinada, pues “hay una mezcla bastante libre de piezas de Cassina, Tacchini, Marcel Breuer, Mario Botta, Achille y Pier Giacomo Castiglioni o Sebastian Herkner, junto con bastante mobiliario diseñado por Cristina Carulla Studio específicamente para la casa”. Esa libertad continúa en el arte, que incorpora obras contemporáneas de Larissa Lockshin y James Rielly en los dormitorios.
Quizá por eso, cuando Carulla habla del resultado, vuelve una y otra vez a la dificultad de establecer dónde termina 1906 y dónde empieza la reforma. “La historia está precisamente en el cambio de uso de la casa. Fue construida hace más de un siglo para una forma de vivir mucho más formal y representativa. El proyecto consistió en llevarla hacia una vida familiar contemporánea sin borrar esa historia”. Y añade una última idea que explica el largo trabajo de carpintería, restauración y diseño realizado durante esos tres años. “Nos gustaba que al terminar fuera difícil saber exactamente qué estaba allí en 1906 y qué habíamos hecho nosotros”.

El baño de cortesía concentra el registro más atrevido de la casa. Un papel pintado con figuras místicas de inspiración renacentista cubre las paredes, acompañado por un lavabo de mármol y un suelo de mosaico pétreo con dibujo vichy.

El baño principal recurre ampliamente al mármol, utilizado en pavimentos y revestimientos. La carpintería de madera introduce una nota cálida dentro de una estancia dominada por la piedra clara.

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