Can Lis, la casa de Jørn Utzon que parece haber nacido de las rocas de Mallorca

En 1957, el arquitecto danés Jørn Utzon ganó el concurso para diseñar la Ópera de Sídney, una obra que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes iconos de la arquitectura del siglo XX, y una encomienda que acabaría marcando su vida laboral y personal. Tras dejar Australia en 1966, Utzon encontró en Mallorca, una isla de la que estaba enamorado, el lugar donde construir un proyecto más íntimo: una casa para su mujer Lis y su familia. Así nació Can Lis, terminada en 1972 sobre un acantilado cerca de Portopetro y bautizada con el nombre de su esposa. Frente al Mediterráneo, la casa se convirtió en un refugio familiar que, con el tiempo, también se transformó en un lugar de peregrinación para arquitectos, amantes y entusiastas de su obra.

Cuatro pabellones mirando al mar
Can Lis parece haber nacido de el propio paisaje. Y es que Utzon organizó la casa en cuatro pabellones conectados por patios abiertos, siguiendo el recorrido del sol, la presencia de los árboles y las vistas hacia el Mediterráneo. Para construirla, miró hacia la arquitectura tradicional mallorquina y recuperó sus materiales, como la piedra de marés en muros y columnas, la piedra de Santanyí en los suelos y superficies interiores y la madera en las carpinterías. Los muros gruesos fueron proyectados para proteger del viento y enmarcar el mar, mientras que las bóvedas, la luz y los patios fueron ideados para hacer que el exterior se cuele constantemente al interior de la residencia.
Y aunque el Mediterráneo era parte esencial de la casa, terminó siendo también uno de sus inconvenientes. La constante exposición al viento y al oleaje, sumada a la llegada constante de curiosos atraídos por aquella casa convertida ya en icono, hizo que los Utzon buscaran otro lugar. Fue así como a principios de los años 90 construyeron Can Feliz, en un paisaje más protegido y alejado del mar. Esta nueva vivienda retomó algunas de las ideas de Can Lis —la piedra local, la adaptación al terreno y los espacios abiertos—, pero desde una arquitectura más compacta y parecida a las construcciones tradicionales de Mallorca. La familia se trasladó allí y Can Lis quedó como ese primer refugio frente al Mediterráneo que ya se había convertido en una obra de culto para la arquitectura mundial.

La arquitectura empieza por mirar
Lo más fascinante de Can Lis es cómo Utzon logró que la casa permanezca al lugar donde se encuentra sin intentar opacarlo o dominarlo. No construyó contra el paisaje, sino a partir de él, ya que observó la orientación del sol, la vegetación, la piedra de la isla y el movimiento del mar para definir su arquitectura. Desde 2011, la Fundación Utzon se encarga de su conservación y de mantener vivo su legado mediante visitas guiadas y estancias destinadas a arquitectos, estudiantes, artistas y personas interesadas en conocer la casa más allá de una visita turística. Y es que Can Lis nos sigue enseñando lo mismo que cuando fue construida: que antes de levantar una casa lo más importante es saber mirar el lugar.

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