El nuevo edificio reemplaza a un conjunto de volúmenes modernos que solían ocupar todo el terreno y no podían adaptarse a los estándares actuales de sostenibilidad. Dado que el centro de la ciudad de Amberes cuenta con pocas áreas verdes públicas, la transformación del predio —de una zona puramente privada, mineral e infraestructural a un jardín público— fue un requisito fundamental de las bases del concurso. Rodeada por fragmentos de áreas verdes públicas, la parcela resulta clave para la conformación de un parque mayor y más coherente. Otra de las exigencias —esta de carácter contradictorio— era mantener un pabellón de representación más reciente, el cual se interponía como un obstáculo entre dichos fragmentos.
