Los dueños de este piso de Valencia solo tenían una petición: nada de beige (el resultado es una lección de color)

“Tenían muy claro que no querían una casa con estética de hotel, un interior zen ni una casa dominada por el beige”. No hay nada más útil para un interiorista que una lista clara de prohibiciones. A veces dicen mucho más que los deseos. Así hicieron los propietarios de esta vivienda, una pareja joven con un niño de tres años, que llegó a Paloma Bau Studio después de conocer trabajos anteriores como Malvarrosa, donde el estudio de Valencia ya había decidido arriesgar algo más con el color. Sabían que estaban en el sitio correcto así que le dieron vía libre.
Querían una casa con personalidad, color y texturas, capaz de evolucionar con ellos. “Ese punto de partida nos daba una dirección muy clara: construir una identidad a través de la relación entre los espacios, los materiales y su forma de habitarlos”, explica Paloma Bau.

Las bandas transversales de color ayudan a dividir visualmente los distintos usos de la vivienda sin necesidad de recurrir constantemente a puertas y tabiques.

La lámpara 265 de Flos, diseñada por Paolo Rizzatto en 1973, extiende su característico brazo articulado sobre la butaca Maiel de The Masie.

Si tienes un pasillo, úsalo
La vivienda está en la Saïdia, en Valencia, dentro de un edificio de 1955 de composición clásica y fachada de ladrillo visto, representativo de la arquitectura residencial local de posguerra. Había techos altos, aunque con trampa: las vigas de cuelgue condicionaban la altura disponible para pasar las nuevas instalaciones.
Pero eso era algo menor, el problema más evidente estaba en la planta. Los 108 metros se extendían de forma alargada, con un recorrido muy largo desde el que se accedía a seis estancias independientes. El pasillo mandaba. Fingir que no existía no era una opción. “La decisión más difícil fue encontrar la manera de que una planta tan longitudinal dejara de percibirse como un tal”, cuenta Bau. Pero como dices, si no puedes con tu enemigo, únete a él.
 La mesa de comedor en burdeos prolonga el color utilizado en la cocina y establece una conexión visual entre ambos espacios.
Y así se creó una secuencia
Ever-Changing, nombre del proyecto, se organiza ahora como una sucesión de bandas transversales que introducen ritmo en la planta y van alojando las diferentes funciones de la casa. Primero aparecen el distribuidor y la sala de estar; después la cocina, el baño y los armarios; más adelante, dormitorios y almacenaje. Perpendicularmente, una gran pieza longitudinal de madera de abedul cose esas franjas y acompaña el recorrido. La planta ahora funciona como una secuencia. Caminas y van cambiando el color, el uso y la escala.
“El recorrido que conecta la entrada, la cocina y la zona de día es mi parte favorita”, reconoce Bau. “Es donde mejor se entiende el proyecto: la madera aporta continuidad y las bandas de color van introduciendo cambios a medida que avanzas. Algo que inicialmente parecía una limitación acaba dando carácter a toda la casa”, añade.

Una pieza longitudinal de madera de abedul recorre la casa y conecta las diferentes zonas, convirtiéndose en uno de los elementos más reconocibles del proyecto.

Vidrio, metal y madera de abedul construyen ese “poquito de Berlín” que la propietaria pidió a Paloma Bau al definir cómo quería su futura casa.

Entre el hall, la sala de estar y la cocina aparece un segundo sistema, independiente de ese eje de abedul: puertas correderas de vidrio enmarcadas en metal que permiten separar ambientes sin perder profundidad ni luz. Se abren, se cierran, dejan ver, ocultan parcialmente.
Y se dijo que no al beige
Y luego está el color. Azul grisáceo profundo, verde oliva, granate y también beige cálido—el beige sobrevivió, aunque esta vez no gobierna— se aplican sobre volúmenes y superficies: “El color organiza la vivienda, señala los usos y cambia la percepción de las proporciones. Tiene una función espacial, además de una presencia visual”, explica Bau.
¿Estamos, entonces, ante el principio del fin de la dictadura de los neutros? “¡Ojalá! Creo que hay más ganas de que las casas expresen algo de quienes viven en ellas. Los neutros tienen su lugar, pero el color ofrece muchas posibilidades cuando se trabaja desde el principio del proyecto”, responde.

Las puertas correderas de vidrio con perfilería metálica permiten independizar distintas zonas sin interrumpir las vistas a través de la vivienda.

La cocina se integra en el recorrido principal de la vivienda, una decisión tomada para conseguir que el antiguo pasillo dejara de sentirse como un espacio solo de circulación.

“Un poquito de Berlín”
Cuando le pedimos a Paloma Bau que intente resumir el proyecto en pocas palabras recupera una de las indicaciones tan peculiares de la propietaria: “Una casa flexible, llena de color y contrastes. En palabras de la clienta, con un poquito de Berlín”. Ese Berlín lo ha traído Paloma hasta Valencia a través de gestos industriales, en las carpinterías metálicas y en una mezcla de materiales que hace que no resulte excesivamente pulido.
En el salón, una gran estantería verde oliva ocupa la pared. Delante aparece la butaca Maiel de The Masie, elegida por su aire mid-century contemporáneo, mientras la lámpara 265 de Flos, diseñada por Paolo Rizzatto en 1973, estira su larguísimo brazo negro. El comedor continúa el juego con una mesa burdeos que recoge el tono utilizado en la cocina.

Los dormitorios rebajan la intensidad cromática de las zonas comunes e incorporan carpinterías a medida, textiles, obras de arte y luminarias de Santa & Cole.

También en los baños se mantiene el juego entre superficies cálidas y elementos más ligeros.

El mobiliario no interrumpe la conversación
“La selección de las piezas acompaña a una arquitectura que ya tiene mucha presencia, aportando carácter y manteniendo una relación equilibrada con el conjunto”, explica Bau. Era fácil pasarse. Pero no ocurrió. El proyecto ya tiene color, carpinterías muy visibles, vidrio, metal y una pieza continua de abedul; el mobiliario tenía que entrar en la conversación sin empezar otra distinta.
Los baños cambian de registro. El principal combina azulejo beige cálido a media altura con una encimera clara; el baño en suite del dormitorio principal incorpora cerramientos acristalados y mobiliario de líneas suaves. En los dormitorios, los volúmenes a medida continúan el lenguaje de las carpinterías generales y aparecen obras de arte, textiles y lámparas de Santa & Cole.
Quedaba un último detalle: las escocias originales de la entrada, uno de los pocos elementos que los propietarios habían pedido conservar. Un error durante el primer día de derribo acabó con ellas y tuvieron que reproducirse. Por suerte, las nuevas sobrevivieron al resto de la obra.

Frente al verde oliva, el granate y el azul de las zonas comunes, los baños trabajan con una paleta más tranquila, sin perder el gusto por el contraste.

La madera aporta calidez frente a las carpinterías metálicas y el vidrio. Lámpara FollowMe de Marset.

La entrada Los dueños de este piso de Valencia solo tenían una petición: nada de beige (el resultado es una lección de color) se publicó primero en MANERA Magazine.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Verificado por MonsterInsights