León XIV reza en la gruta de Lourdes y encomienda Francia a la Virgen

El Papa León XIV ha convertido su escala en Lourdes en uno de los momentos centrales de su viaje apostólico a Francia. A su llegada al santuario mariano, el pontífice se dirigió directamente a la gruta de Massabielle, el lugar donde la tradición sitúa las apariciones a santa Bernadette Soubirous, para rezar en silencio y encomendar el país a la Virgen.
La visita no ha sido un acto protocolario más. León XIV se arrodilló ante la imagen de Nuestra Señora, tocó la roca, bebió agua del manantial y encendió un cirio, repitiendo gestos cargados de simbolismo para los peregrinos. La jornada, además, ha tenido una lectura europea: Lourdes es uno de los grandes pulmones de la fe católica en el continente y un destino habitual para enfermos y personas vulnerables.
Llegada a Lourdes y primer contacto con la gruta

El avión del pontífice aterrizó en el aeropuerto de Tarbes-Lourdes alrededor de las 19:00 horas. Las campanas de la ciudad repicaron y un coro infantil recibió al Papa con himnos de paz y fraternidad. Antes de subir al vehículo, León XIV se detuvo para bendecir a un grupo de pacientes en sillas de ruedas, un gesto que anticipaba el tono de su estancia.
Ya en la localidad, el Papa saludó al alcalde, Thierry Lavit, en un puente sobre el río Gave rebautizado para la ocasión como Puente León XIV. Allí inauguró una estatua y firmó el libro de honor. Después recorrió el recinto en papamóvil entre miles de peregrinos que entonaban el Avemaría.
A las puertas de la gruta fue recibido por el obispo de Tarbes y Lourdes, Jean-Marc Micas, y por el rector del santuario, Michel Daubanes. Con la multitud en silencio, el pontífice se arrodilló ante la imagen de la Virgen y permaneció unos cuatro minutos en oración silenciosa.
Al ponerse en pie, se acercó a la pared de la cueva, tocó la roca y aceptó un vaso de agua del manantial que le ofreció el rector. También colocó un cirio en el candelabro. Son gestos que remiten a la petición atribuida a la Virgen a Bernadette: ir a beber a la fuente y lavarse en ella.
Una plegaria por Francia y por Europa

La oración, leída en francés, se dirigió a Nuestra Señora de Lourdes, la Inmaculada Concepción. El Papa recordó el mensaje que, según la tradición católica, María transmitió a santa Bernadette: un mensaje de oración, conversión y esperanza. También subrayó que la Virgen es la Madre que Jesús entregó a los creyentes y que permanece atenta a sus necesidades.
Uno de los ejes de su rezo fue la situación de Francia. León XIV pidió para el país el don de la concordia fraterna y deseó que construya una sociedad armoniosa, libre de violencia y de odio, donde cada persona pueda trabajar, formar una familia y vivir con tranquilidad y serenidad.
El pontífice no olvidó a los más desfavorecidos. Rogó que los pobres encuentren siempre apoyo y solicitó para Francia gobernantes sabios y generosos, dispuestos al sacrificio, capaces de afrontar retos y decididos a servir al bien común. Les pidió que mantengan al país en paz y que alcen la voz en defensa de los derechos humanos fundamentales y de la paz mundial, rechazando para siempre la lógica de la guerra.
La plegaria tuvo también una dimensión familiar y eclesial. El Papa pidió renovar la fe y el fervor de las familias cristianas, que estén generosamente abiertas a la vida y que Dios suscite en ellas vocaciones sacerdotales y religiosas. Además, rogó que la Iglesia en Francia muestre a los jóvenes el camino del Evangelio para edificar una sociedad justa y fraterna.
Hubo un recuerdo especial para las personas enfermas y para quienes las acompañan. León XIV presentó ante la Virgen sus intenciones más urgentes y pidió fortaleza y curación para quienes peregrinan a Lourdes. Al terminar, depositó a los pies de la imagen la Rosa de Oro, una distinción reservada a los sumos pontífices en visitas marianas. El obsequio combina una base de mármol, un vaso de plata con el escudo papal dorado y un tallo de rosas doradas.
Un santuario con historia y proyección mundial

Lourdes es uno de los destinos de peregrinación católica más visitados del mundo. Se sitúa entre los grandes santuarios, junto a lugares como la Basílica de San Pedro, la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en México y la Basílica de Nuestra Señora de Aparecida en Brasil. En el contexto europeo, funciona como referente espiritual y asistencial para miles de personas cada año.
La historia del santuario se remonta a 1858, cuando la Virgen María se apareció en 18 ocasiones a Bernadette Soubirous, una joven de 14 años pobre y sin estudios. En la novena aparición, la figura le pidió beber del manantial y lavarse allí. Aquel nacimiento de agua, según los relatos, coincidió con la curación de una mujer con una mano paralizada ante más de 1.500 personas.
En la decimosexta aparición, Bernadette preguntó su nombre a la Señora vestida de blanco. La respuesta fue Soy la Inmaculada Concepción, una fórmula ligada al dogma católico proclamado pocos años antes. Desde entonces, Lourdes ha desarrollado una intensa labor de acogida y discernimiento médico de las curaciones atribuidas a la intercesión mariana.
El santuario cuenta desde 1883 con el Bureau des Constatations Médicales, creado para estudiar de forma rigurosa y colegiada los casos de personas que aseguran haber sanado en Lourdes. Se han registrado más de 7.000 curaciones relacionadas con el santuario, de las cuales 72 han sido reconocidas oficialmente como milagros por el comité médico internacional. El último caso reconocido correspondió a Antonietta Raco, una mujer italiana que padecía esclerosis lateral primaria.

Agenda del domingo y encuentros previstos

La estancia en Lourdes continúa con una agenda densa. Está previsto que León XIV se reúna a las 9:00 con los obispos de la Conferencia Episcopal Francesa en el auditorio Santa Bernardita. A las 11:00 presidirá una misa en la pradera del santuario, seguida del rezo del Ángelus.
Por la tarde, a las 15:30, tiene previsto encontrarse con trabajadores y enfermos del Accueil Notre-Dame. También mantendrá un encuentro privado con víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros del clero, un asunto especialmente sensible para la Iglesia francesa. La jornada concluirá a las 21:00 con el rezo del rosario y la procesión de las antorchas.
Durante la visita, los mosaicos de Marko Rupnik en la fachada de la basílica del Rosario permanecen cubiertos. Esta decisión se enmarca en la polémica que rodea al artista y en el deseo de evitar que su obra tenga protagonismo en un acto centrado en la oración y en la acogida.
El santuario había alcanzado semanas antes su capacidad máxima, con alrededor de 150.000 peregrinos inscritos para participar en los actos del fin de semana. La visita de León XIV es la primera de un Papa a Lourdes desde la peregrinación de Benedicto XVI en 2008. Además, el pontífice se convertirá en el primer Papa en dormir junto a la gruta, un detalle que subraya la carga simbólica de su estancia.

Un mensaje de calma, acogida y responsabilidad

La oración de León XIV en Massabielle ha combinado la devoción mariana con asuntos muy terrenales: la convivencia, la paz, el papel de los gobernantes, la familia, las vocaciones y el cuidado de los enfermos. No ha sido un discurso triunfalista, sino una petición de concordia y responsabilidad en un momento político y social delicado para Francia y para Europa.
El gesto de beber del manantial, tocar la roca y encender una vela conecta directamente con la espiritualidad de Lourdes, marcada por la sencillez y la acogida a los más frágiles. La propia historia del santuario, con su comité médico y su red de voluntarios, explica por qué sigue siendo un lugar de referencia para enfermos, cuidadores y peregrinos de todo el mundo.
La presencia del Papa también ha servido para recordar que Lourdes no es solo un enclave turístico o patrimonial. Para la Iglesia católica, es un espacio de oración, conversión y esperanza, donde la fe se expresa a través de gestos concretos: agua, silencio, luz y acompañamiento a quienes sufren. La Rosa de Oro depositada ante la Virgen queda como testimonio de esta visita.

Con la misa en la pradera, el encuentro con los obispos, la visita a los enfermos y la procesión de antorchas, la estancia de León XIV en Lourdes culminará un programa que mezcla lo pastoral, lo institucional y lo humano. El pontífice deja en Massabielle un mensaje de paz, concordia y apoyo a los vulnerables, y lo hace desde uno de los santuarios marianos más importantes de Europa, en el corazón de una tradición que atrae cada año a millones de personas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Verificado por MonsterInsights