Frente a la larga playa de Can Picafort, en la costa de Santa Margalida, el Mediterráneo marca el ritmo de la vida cotidiana: la luz cambia constantemente, el horizonte se cuela entre las construcciones del paseo marítimo y el sonido del mar acompaña incluso desde el interior de las viviendas. Un lugar así pedía una arquitectura capaz de favorecer la desconexión sin recurrir al lujo ostentoso, un espacio artesanal que hablara de la isla, de sus materiales y de una forma de habitar mucho más pausada. Con esa idea nació Moll Petit, un pequeño edificio de apartamentos turísticos reformado por TEd’A arquitectes, el estudio dirigido por Irene Pérez y Jaume Mayol, situado en primera línea del mar balear.
La reforma convierte el edificio en un conjunto de apartamentos sencillos, luminosos y muy abiertos al paisaje. Por lo que los arquitectos reorganizaron los espacios para que la luz natural atravesara las viviendas y el mar pudiera verse desde casi cualquier rincón.
En lugar de dividir cada apartamento en muchas habitaciones pequeñas, optaron por espacios diáfanos separados por biombos móviles de lamas verticales, que permiten crear distintos ambientes sin perder amplitud ni claridad. Todo transmite una sensación de calma y de vida mediterránea, pensada para descansar y disfrutar del horizonte.
La atmósfera de Moll Petit se construye sobre todo a través de la cerámica. TEd’A utiliza termoarcilla, baldosas de barro y piezas cerámicas fabricadas en Mallorca con una sensibilidad casi artesanal, dejando que sus variaciones de color, sus texturas irregulares y sus juntas visibles formen parte del carácter de los apartamentos. Las baldosas cambian de formato según el uso: unas recorren los suelos con un dibujo sereno, otras revisten paredes y zonas húmedas aportando reflejos suaves y una sensación táctil muy cálida.
Lejos de buscar una perfección industrial, el proyecto celebra la belleza de lo hecho a mano y consigue que cada rincón tenga una escala más humana y doméstica. El resultado es una arquitectura sencilla y profundamente mediterránea, donde el barro, la luz y la brisa marina convierten la estancia en una experiencia de calma auténtica.
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