La erupción comenzó a las 19:10 hora local (7:10 de la mañana del miércoles en la España peninsular) y se prolongó hasta las 2:36 de la madrugada del miércoles (14:36 hora española). Durante ese tiempo, el cráter Halema’uma’u expulsó unos 4,7 millones de metros cúbicos de lava, cubriendo cerca de la mitad del suelo del cráter. La columna de humo y ceniza alcanzó una altura máxima de 5.600 metros sobre el nivel del mar, según datos de radar del Servicio Meteorológico Nacional, aunque después fue descendiendo hasta estabilizarse en torno a los 3.000 metros.
Una erupción controlada y sin riesgos para la población
Afortunadamente, toda la actividad se concentró en la zona cerrada del Parque Nacional de los Volcanes de Hawái, una región restringida al público. No se registró caída de tefra en áreas habitadas ni se tuvieron que activar protocolos de evacuación. El USGS, que había elevado el nivel de alerta a «naranja/vigilancia» antes del estallido, lo rebajó posteriormente a «amarillo/aviso» al constatar que la intensidad había remitido. Aun así, los científicos siguen monitorizando el volcán porque, como ha demostrado en los últimos meses, puede reactivarse en cualquier momento.
La última erupción del Kilauea antes de esta había tenido lugar el 15 de julio y duró ocho horas. Desde finales de 2024, el volcán ha entrado en erupción en 52 ocasiones, un ritmo frenético que lo convierte en uno de los volcanes más activos del mundo. Eso sí, toda esa actividad se ha limitado siempre a la misma zona del parque nacional, sin que haya afectado a carreteras, viviendas o infraestructuras turísticas.
Las imágenes difundidas por el USGS, captadas durante una noche de luna llena, muestran chorros incandescentes que iluminaban el cielo hawaiano y que, según los expertos, alcanzaron su punto álgido alrededor de las 21:00 hora local. El viento desplazó la nube volcánica hacia el sur, pero la mayor parte del material expulsado cayó dentro del perímetro cerrado del parque. Aunque el espectáculo es impresionante, las autoridades recuerdan que la zona sigue siendo peligrosa y que solo los científicos pueden acceder a ella.
El Kilauea, que forma parte del paisaje volcánico de la Isla Grande de Hawái, lleva décadas siendo objeto de estudio por su comportamiento predecible y su fácil acceso. Esta nueva erupción no ha supuesto una sorpresa para los vulcanólogos, que ya esperaban un nuevo episodio tras la breve pausa de mediados de julio. De hecho, el USGS había detectado un aumento de la actividad sísmica y de la deformación del suelo horas antes del estallido, lo que permitió anticipar la erupción con suficiente margen.
Con más de siete horas de duración y una cantidad de lava equivalente a llenar más de 1.800 piscinas olímpicas, el Kilauea ha vuelto a demostrar por qué es uno de los volcanes más fascinantes del planeta. La erupción ya ha terminado, pero la vigilancia continúa. Mientras tanto, los amantes de la naturaleza y la ciencia pueden echar un ojo a las imágenes oficiales para hacerse una idea de la magnitud del fenómeno.
