Si te quieres salir un poco de las típicas rutas turísticas y buscas algo que te deje con la boca abierta, tienes que plantarte en el distrito EUR. Allí se encuentra el Palazzo della Civiltà Italiana, un edificio que mucha gente conoce como el Coliseo Cuadrado. Es una joya arquitectónica que rompe totalmente con la estética de las ruinas milenarias del centro de Roma, ofreciendo un estilo racionalista y monumental que impone respeto nada más verlo.
Esta construcción no nació por casualidad, sino que fue el corazón de un ambicioso plan ideado por Benito Mussolini en 1935. La idea era que fuera la pieza estrella de la Exposición Universal de 1942. Aunque la guerra acabó echando por tierra la celebración del evento, la obra se terminó en 1943, quedando como un testimonio pétreo de la arquitectura del periodo fascista en Italia.
Un homenaje geométrico al imperio romano
El apodo de Coliseo Cuadrado no es ningún invento moderno; tiene un sentido muy claro. Mussolini quería proyectar la imagen de un nuevo Imperio Romano y buscaba conectar su mandato con la gloria de los emperadores. Por eso, los arquitectos Giovanni Guerrini, Ernesto La Padula y Mario Romano diseñaron un volumen sólido que rinde tributo al Anfiteatro Flavio a través de una superposición de logias y arcos.
Si te fijas bien en la estructura, verás que el edificio es un cubo perfecto revestido de mármol travertino y hormigón. En total, las fachadas suman 218 arcos. Lo más curioso es que en cada lado hay 6 filas de 9 arcos; se comenta que esta numeración no es aleatoria, sino que hace referencia a las letras de los nombres de Benito (6) y Mussolini (9).
Símbolos de talento y diseño racionalista
Al recorrer la planta baja, te encontrarás con un detalle fascinante: bajo cada arco de la primera hilera hay una estatua. Estas 28 figuras, talladas en mármol de Ferrara, representan diversas artes y habilidades humanas. Es, básicamente, un homenaje al ingenio italiano, resaltando que Italia ha sido referente mundial en ciencia, deporte y arte a lo largo de los siglos.
El edificio se asienta sobre un zócalo o plataforma elevada que hace que su altura, que roza los 70 metros, parezca aún más imponente. Para acceder a este altillo de travertino, hay que subir unas escalinatas flanqueadas por cuatro esculturas en los extremos, que actúan como guardianes de los límites del palacio, reforzando esa sensación de monumentalidad y simetría.
De icono fascista a sede de la alta costura
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, el barrio del EUR estuvo marcado por su origen político y hubo quien sugirió demoler los edificios para borrar el rastro del fascismo. Sin embargo, Roma decidió ser pragmática y darle una nueva vida a la zona, convirtiéndola en un núcleo residencial y administrativo. Hoy en día, es uno de los distritos financieros más potentes de la ciudad, donde conviven edificios modernos como el de Renzo Piano o la Eurosky Tower.
El Palazzo della Civiltà Italiana también se reinventó. Durante décadas fue un centro de exposiciones culturales, función que todavía mantiene en su planta baja para promover la marca «Made in Italy». No obstante, desde 2015, el resto del edificio ha sido cedido a la firma de lujo Fendi. La casa de moda paga unos 2,8 millones de euros anuales por utilizar este espacio como su sede exclusiva durante un periodo de 15 años.
Visitar el EUR es una experiencia recomendable para quienes disfrutan de la arquitectura vanguardista y el urbanismo. El Coliseo Cuadrado es, sin duda, el punto más fotogénico de la zona. Además, si llegas a la ciudad desde el aeropuerto de Ciampino, es muy probable que puedas divisar esta estupenda mole de mármol desde la ventanilla del coche antes de entrar al centro.
Este imponente cubo de travertino ha sabido transmutar su oscuro origen político en un símbolo de elegancia y cultura, fusionando la rigidez del racionalismo con el glamour de la moda actual y manteniendo su planta baja abierta al arte para todos los visitantes que lleguen al barrio EUR.
