Si te escapas un poco del bullicio del centro histórico de Roma, te vas a topar con una joya arquitectónica que te dejará con la boca abierta: el Palazzo della Civiltà Italiana. Muchachos, este edificio es lo que todo el mundo conoce como el Coliseo Cuadrado, una construcción imponente situada en el distrito EUR que rompe totalmente con el esquema de las ruinas clásicas que solemos ver en la ciudad eterna.
Se trata de una obra monumental que destaca por su estilo racionalista y simétrico, creando un contraste fascinante con el entorno. Aunque hoy en día es un punto imprescindible para los amantes de la fotografía y el diseño, su origen está ligado a una época compleja, habiendo sido concebido para proyectar una imagen de poder y modernidad en la capital italiana.
El origen y la ambición del proyecto
Este edificio no nació por casualidad, sino que fue parte de un plan maestro para crear una zona completamente nueva en Roma. El objetivo era albergar la Exposición Universal de 1942, bajo la fuerte influencia de la arquitectura fascista. Benito Mussolini quería que su mandato fuera visto como un nuevo Imperio Romano, y por eso buscó conectar sus obras con el esplendor de los antiguos emperadores.
El diseño fue el trabajo conjunto de tres arquitectos: Giovanni Guerrini, Ernesto La Padula y Mario Romano. Para lograr esa sensación de eternidad y solidez, utilizaron una combinación de hormigón y travertino, siguiendo los principios de enormidad y racionalismo que definen todo el barrio del EUR.
La estructura es básicamente una torre colosal con cuatro fachadas llenas de arcos, lo que justifica su apodo de Coliseo Cuadrado. Si te pones a contarlos, verás que hay un total de 218 arcos. Un detalle curioso es que hay 6 filas de 9 arcos en cada lado; se comenta que estos números fueron elegidos a propósito para coincidir con las letras de los nombres de Benito (6) y Mussolini (9).
Un homenaje al ingenio y la cultura italiana
Si te fijas en la planta baja, justo en la entrada, notarás que bajo cada arco hay una estatua. Estas figuras no están ahí solo por decorar, sino que representan diversas artes, habilidades y ciencias que el ser humano puede dominar. Es, en esencia, un tributo al talento italiano y a su capacidad de liderar en campos creativos y técnicos a lo largo de la historia.
En cuanto a sus dimensiones, el edificio es imponente, alcanzando casi los 70 metros de altura. Esta sensación de verticalidad se ve potenciada porque el palacio descansa sobre una meseta de travertino y hormigón, a la que se accede mediante una gran escalinata. Además, en los extremos de estas escaleras se encuentran cuatro esculturas que custodian los límites del recinto.
De símbolo político a icono de la moda
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la caída del régimen, el barrio del EUR quedó marcado por su pasado. No obstante, las autoridades decidieron darle una nueva vida a estos espacios. Así, el distrito pasó a ser una zona residencial y administrativa de primer nivel, convirtiéndose hoy en una de las áreas más cotizadas y económicas de Roma, muy bien conectada mediante el metro.
El resto de la estructura tiene un inquilino muy glamuroso. Desde el año 2015, la famosa casa de moda Fendi ha establecido aquí su sede. Para lograrlo, la firma llegó a un acuerdo con el ayuntamiento de Roma mediante una cesión temporal de 15 años, pagando una cantidad anual de 2,8 millones de euros para mantener el edificio.
Si visitas la ciudad y llegas desde el aeropuerto de Ciampino, es muy probable que puedas divisar el edificio desde el coche antes de entrar al centro. Merece la pena desviarse un poco para caminar por el EUR y dejarse impresionar por la escala y la belleza geométrica de este monumento que, a pesar de su historia, sigue siendo uno de los puntos más fotogénicos de Italia.
