Construir la Casa Planells no fue precisamente un camino de rosas. Lo que empezó en 1922 como una casa con jardín para un médico en un solar vació en la Diagonal, esquina con la calle Sicilia, no tiene nada que ver con lo que se acabó por construir ahí. Hubo cambios de proyecto, el solar se redujo a la mitad, y varias vueltas de tuerca más capaz de marear a cualquier arquitecto. Cuando el contratista Evilí Planells vendió media parcela, dejó a Josep Maria Jujol frente a un terreno diminuto y trapezoidal. Jujol tuvo que empezar casi de cero. Y ese tercer proyecto, el definitivo, es el que se construyó.
Mucho en muy poco
Jujol y su ingenio lograron sacar de este pequeño rincón un edificio de siete plantas. En la principal vivía el propio contratista; en la entreplanta tenía la oficina. Arriba del todo, el ático quedó para su hermano, que era pintor. Y el resto de viviendas se alquiló. Lo asombroso es cómo Josep Maria Jujol consiguió meter todo eso en un solar de apenas 83 metros cuadrados. La planta principal alcanza unos 120 gracias a una gran tribuna que recorre buena parte de la fachada y se sostiene sobre voladizos ondulantes que avanzan hacia la calle como si el edificio quisiera estirarse un poco más. Y para ganar aún más metros, los pisos se organizan a doble altura, como un dúplex.
Entre dos épocas
Lo más sorprendente de la Casa Planells es su carácter. Parece llegar de otro sitio. Se levantó cuando el racionalismo empezaba a imponerse y el modernismo ya se despedía, por eso muchos la consideran el último edificio modernista de Barcelona. Otros prefieren verla como el primero de la etapa siguiente. Probablemente ambas cosas sean ciertas. Josep Maria Jujol nunca encajó del todo en ninguna etiqueta: ni modernista, ni noucentista, ni expresionista alemán. Iba por libre. Y se nota. La fachada se curva, se estrecha, pero no tiene la monumentalidad de otras obras modernistas; más bien parece una pieza delicada, frágil, más sobria.
Dentro, las escaleras de caracol ahorran centímetros; las columnas ornamentadas, las barandillas de hierro forjado y los mosaicos recuerdan los grandes rituales del modernismo catalán. Merece la pena detenerse en los interiores redondeados de yeso de la planta principal, y también en su pavimento, formado por pequeñas baldosas hexagonales que crean cenefas y motivos florales.
Los trucos de Jujol
La Casa Planells es un edificio difícil de clasificar y facilísimo de recordar. No encaja del todo en ningún estilo, pero sí en una idea muy clara de arquitectura: la de convertir una limitación extrema en una oportunidad. Jujol demostró que un solar minúsculo no obliga a pensar en pequeño y que una vivienda compacta puede sentirse amplia si se trabaja la forma, la altura, las diagonales y el movimiento. Es una casa que conquista por su inteligencia, y una lección construida sobre cómo sacar muchísimo de casi nada. Y eso, cien años después, sigue teniendo bastante mérito.
Casa Planells – Josep Maria Jujol
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