Casa Neuendorf, la obra de juventud en Mallorca donde Pawson y Silvestrin anticiparon el minimalismo de los noventa

Ahora que todos estamos más o menos de vuelta de vacaciones, sabemos que a veces basta alejarse unos días para tener una buena idea. El minimalismo de los noventa empezó a ensayar una de sus mejores ideas durante un verano en Italia. Allí John Pawson conoció a los Neuendorf, que acababan de comprar una finca en Mallorca y pensaban construir una casa de vacaciones. Algo tradicional. Piscina, tenis, espacio para una familia que crecía. Pawson les propuso antes pasar por Londres. Quería enseñarles otra manera de vivir. En ese entonces compartía estudio (y años antes, pupitre en la Architectural Association) con Claudio Silvestrin. Frente al ruido de los ochenta, los dos defendían justo lo contrario. Menos cosas. Más claridad. Los Neuendorf aceptaron el experimento.
Diseñar mirando
El lugar estaba lejos de la Mallorca de primera línea de playa: trece hectáreas de almendros y olivos en el interior de la isla. Antes de proyectar, Pawson y Silvestrin recorrieron el territorio y observaron cómo se había construido allí durante siglos. Muros gruesos. Aberturas pequeñas. Casas que parecían pertenecer al terreno. De ahí nació una vivienda terminada en 1989 que casi se descubre dejando el coche lejos y recorriendo a pie los 110 metros que conducen hasta el icónico volumen rosado. Una rendija da acceso a un gran patio abierto al cielo, alrededor del cual se organiza la casa. Al otro lado, la piscina prolonga sus líneas rectas hasta el final del paisaje.
Algunos muros se elevan doce metros. El revestimiento exterior se tiñó con pigmentos de la propia tierra hasta encontrar ese tono rosado que parece prolongar el paisaje. Dentro desaparecen zócalos, puertas y armarios se funden con las paredes. La arquitectura trabaja con muy pocos ingredientes, así que cada uno tiene que hacerlo especialmente bien. Y lo único que cambia es la luz que entra por pequeñas ventanas, huecos y lucernarios, recorre las superficies y transforma las habitaciones según la hora y la estación.
La justa medida
Ahí estaba la novedad. Casa Neuendorf demostró que reducir no significaba tener menos, sino prestar más atención. A una sombra. A una proporción. A cómo se atraviesa un espacio. Pawson y Silvestrin ensayaron aquí algo que después se volvería reconocible en sus trayectorias: hacer que los pocos gestos de una arquitectura fueran imposibles de ignorar. Y, en plena década del exceso, aquello terminó pareciendo mucho más radical que cualquier extravagancia.
Casi cuarenta años después, quizá esa siga siendo su mejor lección. La casa hoy se puede alquilar, pero se utiliza también para encuentros y talleres de arquitectura y, en uno de ellos, los participantes pasaron varios días sin poder diseñar nada: primero había que observarla, medirla, entender sus colores y su relación con el entorno. No parece mal ejercicio para nuestro tiempo. Los Neuendorf fueron a Mallorca buscando un lugar donde desconectar durante las vacaciones. Y, visto lo visto, no fueron unas vacaciones nada mal aprovechadas.

Casa Neuendorf – John Pawson & Claudio Silvestrin
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