Así se transformó una abadía cisterciense del XVI en Bélgica en un museo moderno y abierto a la ciudad

La búsqueda de propuestas ligadas al entorno y la defensa de una arquitectura perdurable en el tiempo y que genere emociones son tres constantes en la práctica de Barozzi Veiga. El estudio fundado en Barcelona en 2004 por los arquitectos Fabrizio Barozzi y Alberto Veiga destaca por su proyección internacional y por centrarse principalmente en proyectos culturales, cívicos y educativos. Cuando emprenden un trabajo su objetivo es generar “atmósferas específicas, arquitectónicamente claras y expresivas, capaces de dotarse de un significado propio”. Y es precisamente lo que han logrado al convertir una abadía del XVI en un museo moderno.
Para situarnos, estamos en el parque de Begijnhof (el beaterio), declarado Patrimonio de la UNESCO, en Kortrijk, a media a media hora en tren de Gante y Brujas. Atravesando callejuelas empedradas llegamos a la abadía de Groeninge en esta ciudad medieval de la región de Flandes Occidental, ubicada a orillas del río Lys. Consiste en un histórico complejo cisterciense del siglo XVI que ha evolucionado desde su origen monástico para convertirse en Abby Kortrijk, un moderno centro de arte y espacio cultural.
El nuevo pabellón, conectado al complejo a través del antiguo edificio de los dormitorios, alberga un bar y un restaurante.
La historia de la abadía
De abadía a convento y de museo local a un lugar abierto a las artes visuales, en su amplio espectro. La actual construcción está fechada a finales del siglo XVI y está construida donde se levantaba desde 1238 un monasterio habitado por monjas. Tras sufrir el abandono a finales del siglo XVIII, dejó de ser una sede religiosa para perder su funcionalidad y quedar deshabitada durante mucho tiempo. Antes de la intervención de Barozzi Veiga albergó ya un pequeño museo local y un centro multimedia que cerró en 2021.
Tras el paso de Barozzi Veiga —quienes ganaron el concurso que se convocó para su restauración— se ha convertido en un lugar flexible, abierto y colaborativo. Realizado en colaboración con el estudio local Tab Architects, el proyecto ha consistido en la puesta en valor de la antigua capilla y de los dormitorios históricos de la abadía, que han recuperado la espacialidad de la estructura original, en la restauración del antiguo patio y en la creación de un nuevo espacio expositivo subterráneo. 

Vista de una de las salas dedicadas a exposición.

Una parte nueva y otra bajo tierra
Los arquitectos han dotado a cada estancia de una atmósfera diferente para distinguir los espacios dedicados al arte y los destinados a la realización de actividades comunitarias. La zona de exposición se encuentra bajo tierra y en el parque se ha construido un nuevo pabellón, un volúmen monótico a modo de gran tótem que continúa la historia del complejo urbano. 
“La presencia singular del nuevo pabellón en el parque establece un diálogo con las estructuras históricas, tanto a través de su forma –que evoca la verticalidad de sus cubiertas inclinadas–, como mediante la lógica de su disposición ortogonal”, precisan. También ayuda el revestimiento de ladrillos oscuros, elaborados con componentes de construcción reciclados. 
Vista de una de las estancias dedicadas a actividades comunitarias.
El presente y el pasado se encuentran
El bar y restaurante se encuentran en el pabellón,  conectado al antiguo edificio a través de la zona de los dormitorios. Las fachadas inclinadas de la nueva construcción crean un interior cálido y resguardado de altos techos. “En este lugar se puede disponer una mesa larga, que evoca el refectorio comunitario de una abadía”. 
En el antiguo edificio de los dormitorios, Barozzi Veiga han propuesto mínimas intervenciones por lo que las ventanas, el techo y el suelo original de terracota roja se han restaurado y conservado. Para recuperar la grandeza original de la abadía, se han eliminado pasillos y entreplantas añadidas durante los siglos al edificio que le restaban monumentalidad. Así, “el edificio del siglo XVI vuelve a su atmósfera primigenia y ofrece un nuevo espacio vertical para exposiciones”, afirman.

El bar restaurante con pavimento de Huguet Mallorca, un material que se repite también en las escaleras del recinto.

El museo ya se ha llevado todos los premios
Desde su inauguración, este proyecto ha recibido gran número de galardones como el Premio FAD Internacional 2026, de la asociación Arquin-FAD; el doble premio Henry van de Velde 2026 de Bélgica, Oro en la categoría Public y Plata en Spaces; está en la lista de los 40 mejores proyectos en los Premios EUmies 2026, Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea; el Premio de Arquitectura Internacional 2026, que concede The Chicago Athenaeum; y el Museum Building of the Year 2025, que otorga en Bélgica Museumpas. 

Y las mismas baldosas conectan el pabellón con el edificio preexistente.

El pabellón ofrece una atmósfera acogedora de abrigo.

Un jardín fiel a su historia
Además de fomentar los clubes de arte y artesanía, las actividades de Abby Kortrijk destacan por su diversidad de propuestas. Incluso el jardín, donde antiguamente se encontraban los huertos amurallados de los monjes cistercienses y de las monjas clarisas, hoy existe un jardín interior público donde crecen hierbas, flores y plantas comestibles. Sin duda, un lugar que conserva los usos del pasado, cuando las plantas se empleaban en la alimentación y también con fines medicinales, siguiendo la tradición monástica de la abadía de Groeninge.
En el jardín, las plantas escogidas se inspiran en las que empleaban los monjes cistercienses en el pasado.
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